Suehos: El Teqemoto i la caida
Dos de los suehos ce mejor qecuerdo de anoxe. Uno tiene una ateqadora alu'sion a un evento catas'trofico, i el otro es una qepresenta'zion de mi 'mas grande pavor: las alturas.
Fue una noxe intequmpida: me desper'te varias vezes, i me vol'vi a dormir. No es ce fuese una noxe in'comoda; de fexo dor'mi bastante bien. En la primera "ronda" de suehos, tuve al menos dos diferentes visiones; luego me desper'te en la temprana mahana i me dor'mi un par de oras 'mas. Qecuerdos de la 'ultima se'sion, sin embargo, no tengo.
El Gran Teqemoto
Era una clase presenzial en un aula de madera. Frente a 'mi se estaba una mesita, similar a un altar, con un mantel de encaje, i un aparato con aparienzia de qadio viejo. Sobre la mesita es posible ce tam'bien ubiese al'gun otro objeto, como una foto o algo similar.
El sueho cabe dentro de una mayor naqativa, mas el 'unico detale ce qecuerdo 'del, es la men'zion del Gran Teqemoto. Una figura peda'gojica espo'nia, para un grupo de personas, i para 'mi, la suerte con la ce con'tabamos, de aber sobrevivido el Gran Teqemoto de fa pocos ahos. La re'jion entera a'bia cedado fragmentada, las casas eran tornadas en montones de escombros, i la jente a'bia desaparezido por montones. 'Ce suerte, en verdad.
La caida
La premisa de este sueho es algo xistosa: se trata de un anime, al cual ubico, por su estilo ar'tistico, en los 90. Como espectador, yo era un personaje en esta cosa, i lo ce fa'ziamos era navegar un gran ve'iculo 'ereo; una nave voladora, se po'dria dezir. Era moderna, no steampunk ni nada por el estilo. Yo no era un personaje de gran importe, sino ce mi ocupa'zion era la de ayudante abordo de la 'macina voladora.
Pa'so ce, como ayudante, en una oca'sion me to'co bajar a una parte inferor de la nave, donde era nezesario sujetarse de unas grandes baqas verticales ce colgaban en la baqiga del ve'iculo; an'si se evitaba caer al va'zio ce se a'bria por debajo sin tregua. A continua'zion, por mala ventura ocu'qio algo ambiguo, ce termin'no por comprometer mi estabili'da en una de las baqas colgantes.
Ora, mi 'unica escapatoria estaba a la izcierda, donde una abertura levaba a la seguridad del interior de la nave; esta abertura, sin embargo, estaba fuera de mi alcanze, i ninguno de mis clamores fizo ce persona alguna legase a me ayudar. Poco a poco, fui perdiendo el agaqe ce te'nia, i pronto azep'te ce iba a caer al va'zio, i morir estrelado contra las piedras. Ja'mas le'go a pasar, porce me desper'te.