UNA NUEVA RESIDENZIA
En el ce me da un atace al cora'zon.
TABLA DE CONTENIDOS
1. Falso comienzo
Introduc’zion falsa a, lo ce se’gun la intui’zion sohadora1, es Silent Hill:
(Vista del orizonte a mano izcierda, despla’zandose desde la vista de la ventana de un ve’iculo, durante el atardecer o la noxe.)
«Comen’zo cuando le’ge2 a acel lugar.
(…)
La casa era antigua, pare’zia casi abandonada.
(…)
Luego de una larga espera, una dama de qojo, a la usanza del viejo americano3, sa’lio al ‘portico i me salu’do: “Le doi la bienvenida. Le espera a us’te una esperien’zia ‘unica i au’tentica.”
2. El soho en cues’tion
(Corte de contesto; sige el tema de mudanza, pero bajo nuevo trasfondo.)
El sohador4, personifi’candome a ‘mi, tal vez ‘mas joven, i sus padres, se fueron a vivir a una ziu’da grande. La situa’zion era di’fizil, pero Dis mediante esta vez logra’rian prosperar en este lugar.
Los aco’jio un edifizio de apartamentos baratos: una toqe cuadrada en base, gris, ‘fria, triste, cuyo primer piso consis’tia en un umilde lobby, un cuarto de pilas, al’gun tipo de alma’zen, i el inizio de un conjunto de gradas me’talicas ce condu’zia a los niveles superiores, subiendo a’si en caracol (cuadri’latero) a lo largo de caminatas largas ce se sujetaban a las paredes del edifizio sin mayor soporte ni pro’posito ce el de aferirse5 al conzepto orijinal de un ‘pesimo ingeniero —tal vez la ‘unica espre’sion de inspira’zion ar’tistica en el diseho de acel edifizio. Esta es la primera vez en la ce un monolito de fequmbre6 es abitable.
El apartamento era peceho, con una salita de estar, un servizio sanitario i una abita’zion. En la sala, una mesa de metal, un so’fa-cama, i un televisor viejo. Las paredes, como en el qesto del edifizio, eran grises.
I el tiempo pa’so, i al final pare’zio ce efectivamente se iban a cedar a vivir a’li, porce empezaron a traer cositas para enmendar el apartamento para ce fuese ‘mas acojedor. Pronto empezaba el aho lectivo i el sohador te’nia ce considerar qecolectar los libros i materiales nezesarios.
Un ‘dia, mientras el sohador i su madre se encontraban en la base del edifizio, por el alma’zen, la madre comen’zo a parlar7 con dos o tres incilinos i el encargado del alma’zen, mientras esperaba frente a la ventanila (fazia dentro se espiaba un cuarto de tamaho medio, pleno de estantes con qolos o sacos blancos).
Al surgir un tema un poco controvertido, el sohador previno una situa’zion in’comoda, a’si ce dezi’dio alejarse un poco, saliendo del qin’con en donde cedaba el alma’zen, para legar a otra escina (igual de interesante ce cualcier otro lugar en acela cas-cuarte’ria), lo caul rece’ria devolverse unos pasos por un pasilo elevado, bajar un par de escalones cruzando una baranda, tornar (tal vez) fazia la derexa i caminar asta legar a una escina con estantes negros i objetos blancos cubiertos de zeniza.
El pexo le comen’zo a doler (el lado derexo). A prinzipio se so’bo donde le
do’lia, peron o ayu’do demasiado; sintiendo ce el dolor se agudizaba, se
levan’to la camiseta para revelar una manxa ‘purpura ce le cre’zia bajo la piel.
El aliento le comen’zo a falar i, alarmado, se diri’jio de vuelta a mami.
Subiendo las gradas a cuestas: “Mami!”
Perdiendo el conozimiento: “El cora’zon…!”
Qecuperando un poco el aliento, medianamente aliviado: “Me es’ta doliendo.”
Me a’bia dormido sobre el pexo. Por ‘ce me do’lia? Por ‘ce el lado derexo? Claramente me desper’te porce el cora’zon se qela’jo demasiado, como pasa con las pesadilas de este tipo.